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Carlos Burgos es escritor, conferencista, y ante todo, comunicador de desarrollo personal, espiritualidad y expansión de conciencia.


Carlos Burgos

El crecimiento personal es un tema que le apasiona a Carlos, porque él mismo ha tenido una larga y prolífica búsqueda de su propia verdad, y eso lo llevó a viajar solo por el mundo, a indagar en el modelaje, la actuación, el periodismo, entre muchas otras actividades que resonaban con él.


Toda la experiencia adquirida, lo impulsó a querer compartirla con el mundo, para ayudar a otras personas a encontrar su propio camino, a pensarse “fuera de la caja” y a dar a luz su voz más auténtica.


A través de una cálida entrevista por Instagram, Carlos desde España, yo desde Jujuy Argentina, pudimos conectar y conversar sobre la vida misma, con una premisa que sirvió de disparador, pero que derivó en diversos sitios, y en frases memorables, como nos tiene acostumbrados Carlos: “Cómo construir tu realidad desde tu verdad”. Allá vamos.


En primer lugar, ¿Cómo has ido construyendo tu propio camino, tu realidad desde tu verdad? Has hecho muchísimas cosas para llegar a ser el Carlos de hoy…


Me gusta unir puntos hacia el pasado. No sé muy bien porqué estoy haciendo esto, pero en algún momento, mirando para atrás tendrá sentido. Muchas veces hice cosas sin saber por qué, con la sensación de estar perdiendo el tiempo, de estar perdiendo mi dinero, y muchas cosas.


¿Cómo arrancó todo? Arrancó con una ruptura sentimental que me llevó a hablar de relaciones de pareja y escribir sobre el amor. Charo Vargas (la popular “Charuca”) me llama el Doctor Amor. (Risas)


Pero luego llega un momento de que las relaciones son una mera capa, las relaciones son una proyección más de algo más grande que está dentro de ti.


Carlos Burgos

¿Cuál es la clave para comenzar a tirar de la punta del hilo del ovillo y llegar a nosotros?


Creo que la clave es no tener ninguna clave. Si estamos repletos de ruido es muy difícil que podamos tomar decisiones propias.


Nuestra energía está definida en una frecuencia concreta. Cada una de las personas estamos diseñadas para algo. Ese algo no se define a través de la información que encontramos fuera. Y eso no se encuentra afuera. Este ser esencial genuino se revela con b y con V, rebeldía y revelación, a través del silencio, a través del frenar, escucharte. NO estamos dispuestos por herencia socio cultural a poner el pie en el freno de mano. Hay un miedo ancestral.


Tenemos miedo de desanclarnos del patrón habitual. Entonces cruzarnos de brazos para pensar, a ver qué puedo hacer con mi vida, es una cosa que nos da mucho miedo. Preferimos estar enrolados en un trabajo, relaciones, etc.


Muchas veces creemos que la realidad exterior nos determina, y hasta pasamos a ser espectadores de nuestra vida. ¿Cómo hacemos para animarnos para animarnos a tomar las riendas y diseñar nuestro camino?


El primer paso tiene que ver con una visión. Yo empecé con la relación interpersonal para pasar a la inter-objetal. Empecé a ver todo esto desde un prisma cuántico, esencial. La física de partículas es una verdad incontrovertible, cada uno es el creador de su su realidad. El observador crea lo observado. Ese es el primer paso para anclarme. Veo una profunda inestabilidad en la política, sociedad, comunidad. No nos damos cuenta de que esa realidad y el espectro de energía de nuestro alrededor es una impregnación del pasado. Cada cosa que vemos estuvo antes en la mente de una persona. La realidad es interior.


La confrontación es: mi realidad, hacia la que me quiero dirigir, ¿tiene la suficiente fuerza como para batallar con esta realidad rígida, pesada, burocrática? Si yo estoy pensando en lo pesado o en la queja, estoy en el conflicto, y hace que me enfoque más en la realidad física inamovible y no en la realidad maleable que hay dentro de mí. Primer paso ineludible: quiero ser coherente.


Estamos hablando de una realidad constatable. En el momento en que te centras en tu realidad y te acercas cada día sin importar la validación externa o el púbico, la vas expandiendo y se densifica y se hace realidad. Primer paso, cree en ti.


Carlos Burgos

Fuiste probando diferentes trabajos a lo largo de tu vida. Estas experiencias ¿te sirvieron para encontrar tu propia voz, el Carlos más original?


Venimos de vidas muy reprimidas, especialmente en España. Tenemos raíces debilitadas que no han apoyado vidas alternativas. Sentimos bastante miedo a la hora de lanzarnos a algo distinto.


Si fuéramos conscientes de muy pequeñitos de quiénes somos, entonces no haría falta tanto rebote por la vida.


En el colegio me daban premios por escribir y por charlar. Y luego lo cincelas a fuerza de acercarte a lo que quieres. Pero no es necesario, si sabes bien quién eres, puedes quedarte en un sitio y tener suerte, y a los 25 estar muy fuerte, como yo hoy a los 47.


Has viajado mucho. ¿De qué te sirvió viajar solo? ¿Te encontraste con una nueva versión de vos mismo?


Cuando viajas, el paradigma cambia por completo. Porque el esquema al que estás acostumbrado se quiebra por completo. Nada de lo que sucede, para ti es confort. Se te plantea un esquema inusual muy duro y difícil. Entonces tu cerebro tiene que crear herramientas nuevas. El proceso de desarrollo personal lo aceleras.

Carlos Burgos, en uno de sus tantos viajes.

¿Por qué nos dan tanto miedo los cambios?


Yo hablo en términos biológicos de por qué se produce el miedo. Somos conciencias densificadas encarnadas en un cuerpo humano. Y el cuerpo manda. El cuerpo se rige por la ley del mínimo esfuerzo. Los músculos y el cerebro consumen agua y glucosa. Cuando estoy frente a un cambio, estoy prestando atención consciente al cambio. Cuando prestamos mucha atención consciente a la vida,


Nuestro cerebro está a full, y consume más agua y glucosa. Entonces lo más fácil para el cerebro, es decir, no quiero cambios. Y en realidad todos los cambios son miedos a un miedo esencial; el miedo a la muerte, disfrazado a diferentes pérdidas. Y creo que es necesario estar en contacto con esa realidad, porque al final es de liberación y trascendencia, es más vital que la propia vida.


Cuando uno cambia, ¿tu entorno puede sentirse amenazado? ¿Hay que estar dispuesto a “pagar un precio” por el cambio que estamos haciendo?


Sí. Publiqué hace poco “Poda viejas raíces”. Alguien me dijo: “lo único que has hecho es dejar cadáveres por el camino”.


Muy poca gente me quiso acompañar. La gente me decía “¿cómo has tenido el valor para romper con lo que venias trabajando?”. Las decisiones drásticas tienen que ver con mi personalidad. Yo soy de pensar que la vida no es un museo y me gusta ir con lo último en marcha, pero es inevitable que se pierda gente por el camino. Habrá relaciones que puedas ponerles una X rápido y otros que es muy doloroso.

Carlos Burgos

Carlos Burgos On Demand


Si querés conocer mejor a Carlos y profundizar en su mensaje, lo mejor será que esperes la aparición de su nuevo libro, “47”. Allí, dice él, encontrarás lo mejor de sus experiencias, resumidas en esa publicación.


De todos modos, podés seguirlo también en su Instagram, @carlosburgos, donde cada día reflexiona, de un modo ágil y divertido, sobre algún temita de la vida y las relaciones, que seguro, no te dejarán indiferente.


Además, toda su trayectoria y servicios, los podés conocer en su página web: centropuntocero.com


 

por Raquel Abraham

Periodista y comunicadora. Amo contar historias inspiradoras. Fotos: www.centropuntocero.com

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| SOCIEDAD |


“Generación de cristal” es un término utilizado para mencionar a personas nacidas entre 1997 y 2012 aproximadamente, conocida también como la Generación Z. Se caracterizan por su excesiva sensibilidad y baja tolerancia a la frustración. Pero hay más.



Estas personas son denominadas así debido a sus características basadas en excesiva sensibilidad emocional ya qué, según algunos investigadores, son más lábiles o vulnerables en comparación a generaciones anteriores.


El siglo XXI ha sido testigo de numerosos avances importantes en diversas áreas de la ciencia, la tecnología y la sociedad. Todas estas innovaciones produjeron también cambios sociales, históricos y culturales. Estas transformaciones devengaron en modificaciones en los modos de subjetivación y lo que se ve reflejado en cambios psicológicos.


Los chicos de la “generación de cristal” están cursando la adolescencia y los primeros años de la juventud. Son hijos de la “generación X”, una generación cuya crianza fue con cierta anulación de las emociones. Por lo que los adultos que hoy criamos a nuestros niños, lo hacemos validando y atendiendo especialmente sus sentimientos. Como consecuencia de esto, en general decimos que los jóvenes de la generación de cristal se caractericen por ser individuos frágiles, vulnerables y que a la primera de cambio “se rompen.”


En los últimos años los padres y las madres hemos configurado relaciones con nuestros hijos marcadas por cierto temor, ¿pero a qué tenemos miedo?


En una época en donde la felicidad está marcada por modelos de éxito, que son reproducidos por gurúes pedagógicos y consejos acerca de cómo lograrla, donde está prohibido el sufrimiento, tenemos miedo a que nuestros hijos fracasen. ¿Y qué seria fracasar? En este contexto el fracaso esta atravesado por no cumplir con los estándares de felicidad impuestos por las exigencias del mercado.


Todo esto nos lleva a reproducir estos mandatos en nuestros hijos, no habilitándoles desde temprana edad que se frustren, sobrevalorando sus logros, no tolerando sus errores.


¿Cómo repercute esto en nuestros jóvenes? Para responder a esta pregunta es necesario adentrarnos en las características generales de este grupo etario.


Se ha sugerido que la generación de cristal puede ser emocionalmente más lábil en comparación con generaciones anteriores. Estos jóvenes justifican su accionar desde el punto de vista emocional, es decir puede que reaccionen manera impulsiva sin a veces medir las consecuencias de sus acciones. Los individuos de esta generación pueden tener una mayor necesidad de ser validados y reconocidos por los otros. Esto se manifiesta en la búsqueda de aprobación constante, presentan un alto monto de sensibilidad ante las críticas o el rechazo. Se observa también en estas personas, altas expectativas de éxito y bienestar personal.


Al haber crecido en un mundo cada vez más digitalizado, tienen una relación más estrecha con la tecnología y están más acostumbrados a su uso. Pero también presentan mayor dependencia de los dispositivos electrónicos. Son personas con capacidad de realizar muchas tareas a la vez. Son flexibles y adaptables a los cambios repentinos del entorno y además sensibles y abiertos a la diversidad. Se cree que están más dispuestos a desafiar las normas sociales y a cuestionar las estructuras establecidas en busca de un mundo más inclusivo y equitativo.



¿Cómo se insertan estos jóvenes en el mercado laboral?


Maria Laura Olivan dice: Las nuevas generaciones pusieron al disfrute y el goce a la par de las responsabilidades y el compromiso”.


Algunos autores señalan un posible desmoronamiento de la cultura del trabajo, que antes era considerada sagrada y ahora se ve afectada por diversas situaciones que la alteran, debilitan y relativizan. Además, cabe destacar que en generaciones anteriores los resultados económicos eran lo único importante. La generación Z trabaja mucho, pero también experimenta ansiedad en el proceso ya que para ellos es muy importante el disfrute y la vida afectiva. Los nuevos trabajadores experimentan cierto desánimo en relación a la vocación y a la pasión por el trabajo. Esto se da debido a la cultura de la inmediatez en la que están insertos, a la intolerancia a la frustración, a las altas expectativas de éxito a corto plazo, a la espera de resultados inmediatos sin realizar demasiado esfuerzo.


Los jóvenes de hoy son inestables en el trabajo y en general exigen ser reconocidos, además no toleran las injusticas en el ámbito laboral, cosa que las generaciones anteriores probablemente toleraban de manera silenciosa y pasiva.



En los senderos del devenir, la cultura del trabajo parece desvanecerse, encontrando nuevos destinos. Actualmente se entrelaza la validación de las emociones y del bienestar, quizá por encima del éxito basado en el crecimiento económico.


¿Se puede emitir juicios de valor en relación a estos acontecimientos? En mi opinión creo que son cambios culturales y cambios de paradigmas a los que la humanidad debe adaptarse de manera dinámica y activa. Es importante conocer y respetar las diferencias generacionales para poder lograr una convivencia equilibrada y una sociedad más justa.

Para concluir esta columna, creo necesario resaltar que hablar de una generación en su plenitud puede llevar a injustas generalizaciones. La generación Z, cómo todas sus predecesoras, si bien sus integrantes comparten similitudes en algunos rasgos, está formada por seres diversos, cada uno con su propia subjetividad.


Aunque puedan coincidir con su grupo generacional cada individuo es único e irrepetible.


 

por Sol Márquez. Psicóloga clínica.

Especialista en Evaluación Psicológica

Fotos: Freepick

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| EDITORIAL |


El estreno mundial de Barbie, me hizo replantear mi historia personal con la icónica muñeca, ¡y encontré mucha tela para cortar! Aquí va.



Película "Barbie" de Greta Gerwig

Mi historia con la Barbie (en mi caso fue LA Barbie, no como ahora que muchas niñas tienen varias, de todos estilos y colores) fue, podríamos decir, de amor-odio.

Cerca de mis 8 años llegó a mi vida la Barbie Tropical, y para mí fue como ver la belleza en su máxima expresión, condensada en una mujer en miniatura…Venía en su cajita rosa, con un tono de piel “bronceado caribeño”, ojos profundamente celestes, una malla enteriza multicolor, con un solo hombro y un pañuelo con volado amarillo, que funcionaba de pollera, hebilla, ¡lo que se te ocurra!


Capítulo aparte merece hablar del pelo de mi muñeca: Venía con un peinado trenzado como en espiral, perfecto y largo hasta la cola, de un rubio ceniza bien tupido y suave. Obvio que cuando mis padres me la regalaron, mi primer impulso fue querer desarmarle su inmaculada trenza y hacerle mis propios peinados; pero no. Ellos me prohibieron sacarle su “look” de fábrica, porque decían que se iba a arruinar su pelo, y que era hermosa así como estaba… ¡y yo cumplí a rajatabla la orden! Y jugué varios años con mi Barbie Tropical, siempre igual, siempre perfecta, reprimiendo el deseo de explorarla en su totalidad. (Ahora que lo pienso, es un tema con el que mi psicóloga se haría un banquete).


Barbie Tropical (1986)

Claro que a esa edad yo no razonaba sobre el prototipo de belleza estandarizado y occidental que se nos imponía a las niñitas de los 80, pero sí recuerdo que quedaba embelesada observando las diminutas proporciones de mi muñeca, con su cinturita ínfima, sus pechos prominentes, sus largas piernas, y pensaba… ¿será que en un futuro yo me pareceré a ella? Creo que ese pensamiento mágico escondía una aspiración inconfesable, que me hacía deducir que, al poseer mi Barbie, algo de ella se encarnaría en mi YO del futuro.


Por suerte los años, además de traernos cambios físicos, nos traen también cambios psíquicos, y sociales. Estoy convencida de que hemos evolucionado como sociedad, gracias en parte a las luchas del feminismo y grupos minoritarios como las comunidades LGBTIQ+, que, con su ímpetu y orgullo, pusieron sobre la mesa un montón de replanteos sobre los cánones establecidos que supuestamente, debíamos seguir y admirar: la heterosexualidad, la mujer 90-60-90 de nariz pequeña y labios carnosos, la delgadez, por mencionar solo los más evidentes. Normas que mucho tiempo fueron indiscutidas y, que hoy, por lo menos mi generación y la de nuestrxs hijxs, las cuestionan en voz alta.


Es por eso que cuando fui a ver la película Barbie con mi hija mayor, de 12 años, tenía mucha intriga de lo que iba a representar la famosa muñeca para ella, quien también creció con varias Barbies.


Película "Barbie" (2023)

La peli me emocionó mucho, por el tratamiento que hizo de los estereotipos de belleza, ya que se enfocó principalmente en el empoderamiento femenino (y masculino, ya que los KEN son al mundo Barbie, lo que las mujeres por mucho tiempo, hemos sido al mundo real) y nos impulsa a bucear en nuestro interior para encontrar nuestros deseos más íntimos y para entender, por mucho que cueste a veces, que nuestro valor está en quiénes somos y no en un ideal inalcanzable de belleza.


Yo tiré algunas lagrimitas (cada vez lo hago con más facilidad) y mi hija también. Seguramente su interpretación y vivencia de la peli fue diferente a la mía, quizá porque ella no tuvo que pasar por tantas barreras como las de mi generación. Sin embargo, le pregunté, al finalizar, qué le pareció la película, y me respondió con una simpleza tan espontánea, que me pareció muy lógica: “Me gustó mami. La peli nos dice que cada una tiene que ser su propia Barbie, la Barbie que quiera ser…” ¿puede ser una respuesta tan hermosa? Ni siquiera ella sabe que la palabra Barbie, para muchas de nosotras tenía una connotación negativa, que representaba todo lo que estaba mal para una niña en construcción de su autoestima: superficialidad, belleza estereotipada, etc. Para mi hija, en cambio, es solo una muñeca, una extensión de cada una, que nos permite elegir quiénes queremos ser en la vida. La palabra Barbie dejó de tener el significado que tenía, solo era el nombre de una muñeca.


Y para los que se estén preguntando sobre el paradero de la Barbie Tropical, terminó donada al Hospital de Niños. La llevé cerca de mis 20 años, con su peinado inmaculado, para que algún niñx se dé el gusto de hacer lo que yo nunca pude: desarmarle la trenza perfecta y “arruinarle” su peinado rubio ceniza. Al menos esta Barbie, cumplió una linda misión.



Y me dejé caer en la tentación del furor rosa. Acá está está la versión de mi Yo Barbie.

 

por Raquel Abraham

Periodista y comunicadora.

"Amo contar historias inspiradoras".

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