• Raquel Abraham

Escribí tu propia historia

#Editorial



Comienza un nuevo año y es como que nuestra mente cronológica diagramara un cuaderno en blanco listo para ser completado. Si bien muchas de nosotras arrancamos el primer lunes del año como cualquier otro, hay algo en el aire que se siente como de renovación. ¿No te pasa? Esa sensación de que hoy nuevamente sos dueña de tu vida, que podés re-diseñar tus proyectos, soltar lo que ya no te suma o representa e ir tras aquellas nuevas ideas que te hacen vibrar alto.

Sin dudas que enero es un mes de reseteo, al menos para mí. Diciembre fue tan intenso y cargado de actividades, genuinas e impuestas, que llegué al 31 con el último aliento. La cena de fin de año me encontró aislada junto a mi familia (¡mi hija mayor se contagió de covid!) y fue como que esta nueva ola de contagios nos vino a despabilar un poco ¿no? A recordar que no debemos dar nada por sentado, o al revés, que deberíamos ser más conscientes del valor de los momentos de encuentro con los otros, esos encuentros que los tuvimos vedados durante tanto tiempo…


Es por eso que este nuevo aislamiento me obligó a bajar todos los cambios, venía en quinta y ahora me encuentro nuevamente en primera, despacio, más atenta, observando todo lo que fui construyendo el año pasado, lo logrado, mis medallas ¡que son muchas! Siempre nuestra mente tiende a poner foco en lo que nos falta…

Y en esta lentitud de ir en primera siento que el mundo vuelve a girar más lento y redescubro el valor de las pequeñas cosas cotidianas, como el colibrí que se acerca a mi ventana a libar una flor mientras escribo esta editorial, o el sonido del silencio apenas interrumpido por el trino de las aves… Y me siento como en la película “Caballos Salvajes” con ganas de gritar como Héctor Alterio, sobrecogido por la belleza del mundo: “¡¡La putaaaaa, que vale la pena estar VIVO!!

Volviendo a enero (tiendo a irme por las ramas) y al tema que nos compete este mes, en el que muchos hacemos un reseteo para cambiar o corregir rumbos; me pareció muy interesante hablar de algo que parece simple pero que no lo es: LA TOMA DE DECISIONES.


Todo el tiempo estamos eligiendo, desde lo más mundano, como la ropa que nos ponemos cada mañana, la elección de peinarnos antes o después de desayunar, (todas decisiones que creemos inconscientes pero que son tomadas en base a directrices de nuestro cerebro, que en general tiende a optimizar recursos y tomar el camino más corto); y luego están esas decisiones importantes o trascendentales como “¿me quedo en este trabajo o voy por mi propio emprendimiento?” “¿Sigo en esta relación que no me está haciendo feliz?” “¿Incorporo a mi equipo a este o aquel aspirante?”


Y casi siempre todas estas elecciones corresponden a una dialéctica: Si voy por el camino A, renuncio a todas las posibilidades del camino B, y viceversa. Siempre que elegimos hay renuncia. Pero pocas cosas nos provocan tanto subidón de energía como cumplir una meta habiendo sido fieles a nuestros deseos. Y aún si sentimos que fracasamos (que nunca ocurre porque en todo hay aprendizaje), también nos empodera saber que no podemos echar culpas, y que en cada paso que damos está nuestro deseo y voluntad, como faros que iluminan el camino.

En fin, para terminar con frases de películas, que siempre son fuentes de inspiración, cierro esta columna citando nuevamente al personaje de Alterio en “Caballos Salvajes” (lo que delata totalmente mis años): “El hombre arriesga su propia vida cada vez que elige, y eso lo hace libre”.

¿Sentís que estás eligiendo tu presente en LIBERTAD?


 

por

Raquel Abraham

Periodista y comunicadora. Amo contar historias propias y ajenas.

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