• Raquel Abraham

Amate como si fueras tu mamá

| EDITORIAL |


“¿Te sentís bien? ¿Por qué tenés esa carucha? ¡Tengo una idea!: Date un baño calentito con sales aromáticas, te preparo algo rico para la cena y antes de dormir, te hago unos masajes relajantes”. Suena perfecto, ¿no? Bah, al menos para mí.


Esas palabras amorosas podrían surgir seguramente de una mamá, esa persona que nos cuida y que muchas veces se pone en segundo plano para priorizar el bienestar de sus “pichones”.


Y este cuidado supremo se da en todas las especies, ¿eh? Es como que maternar a la cría fuera algo primario, instintivo: mantener viva a la descendencia es la tarea primordial de los seres vivos.


Por supuesto que en las personas, este instinto de supervivencia viene acompañado, (en el mejor de los casos) de cariño, besos, palabras amorosas, risas, abrazos, upas. Y está comprobado que estas muestras de amor son tan vitales para el desarrollo cerebral y emocional del niño, como el alimento.


Desde que somos chiquitos hemos necesitado de un otro que nos mire, nos escuche, nos abrace, nos arrope, nos bañe, nos alimente…¡en fin! Fuimos totalmente dependientes y demandantes de alguien más (mamá, papá, persona cuidadora) para sobrevivir y forjar nuestra identidad.


Yo, por ejemplo, cuando era chiquita, creía que mi mamá adoraba leerme “Mujercitas” a la noche. También daba por sentado que cortarme las uñas de los pies, y hacerme una suerte de spa, con cremitas y masajes era para ella un deseo irreprimible. (¡Qué suerte tenía ella de masajear mis “empanaditas!”, pensaba yo)! Creía que su mejor plan era ser el “público” de las obras de teatro que representábamos con mis amigas en el patio de casa, y ella, con cara de estar viendo “La casa de Bernarda Alba”, asentía y aplaudía a nuestro juego.


Todos necesitamos ser mirados, reconocidos, alentados, mirarnos en el espejo de un otro que sea testigo de nuestra vida. Alguien que nos dé una palmadita y nos diga: “lo estás haciendo bien”, o que cuando estamos angustiados o frustrados, nos diga simplemente “esto también pasará”. Simple ¿no? Lo que todos necesitamos es muy simple. Al menos lo era con mamá.


El tema, querida amiga, es que cuando crecemos, muchas veces asumimos que otro con quien entablemos cierta intimidad ¡SERÁ MAMÁ! Que nos va a cuidar, aguantar nuestros caprichos, amar sin condiciones, y tener una paciencia a prueba de bala…Y aquí tenemos razón pero también nos equivocamos.


Nos equivocamos si creemos que en una pareja, amiga, hermanos, vamos a encontrar ese amor maternal, de hecho, no sería nada saludable que esperáramos tanto aplomo de personas que también lidian con sus vidas y que por sobre todo, están en IGUALDAD DE CONDICIONES, son nuestros pares.

Pero sí tenemos razón en esperar todo ese amor incondicional, aplomo, cuidados, sanas sanas y palabras lindas, ¿de quién? ¿adivinaste? ¡Exacto! De NOSOTRAS MISMAS. Somos nosotras las responsables de escucharnos, tenernos paciencia, comprendernos, perdonarnos. Y también somos las responsables de cuidarnos (alimentarnos nutritivamente, mover nuestro cuerpo, cultivar nuestro espíritu), y de darnos lo que necesitamos (descanso, diversión, un baño relajante y perfumado, una buena lectura).


En octubre te propongo que te maternes a vos misma. Un lindo ejercicio es pensarte a vos cuando tenías 8 años y recordar qué te hubiese gustado que te digan, qué palabras o cuidados hubieses necesitado en aquel entonces y ¡entregátelos!


Cocinate con amor ese plato que tanto te gusta, regalate un cuarto de helado mientras mirás tu serie favorita con los pies sobre la mesa. Invitá a esa amiga con quién te divertís y te reís de pavadas, para recordar que la vida hay que tomarla menos en serio. Abrazá a tu pareja y chapala como si fuera su primer beso. Si tenés hijos, jugá con ellos y dejá que vean a esa niña que hay en vos, y que puede ser tan divertida y despreocupada como ellos.


En vos viven dos: la niña que se divierte, juega, es caprichosa y pide amor, y también la madre que la cuida, la calma y arropa, la abraza y le da seguridad, porque está al MANDO. Bella combinación, ¿verdad?. Ya SOS todo lo que necesitás.


¡Feliz octubre!

 

por Raquel Abraham

Periodista y comunicadora.

"Amo contar historias inspiradoras".

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