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  • Foto del escritorRaquel Abraham

Flor Buil: “Cuando tratamos de evitar el conflicto externo, nos creamos un conflicto interno"

| ENTREVISTA |


Decir que sí a todo y estar siempre disponible para los demás, no es un signo de empatía y servicio. Muchas veces, el exceso de complacencia, revela que idealizamos al otro, priorizando deseos ajenos, por encima de los propios. Si esta definición te resuena, te recomiendo que sigas leyendo la entrevista que le hicimos a Flor Buil, psicóloga y coach, quien nos da una guía para descubrir si somos demasiado complacientes y entender cómo este comportamiento puede anular nuestras propias necesidades.




Flor Buil. Psicóloga y coach.

Flor Buil es psicóloga y coach. Su misión es empoderar a las personas a liderar sus vidas y encontrar su mejor versión. Argentina de origen, cuando se casó comenzó a viajar y residir en diferentes países, como Tailandia, Inglaterra y hace ocho años, Estados Unidos. Todas estas mudanzas fueron producto de la decisión de acompañar a su marido en diferentes oportunidades laborales. Y, esta elección de acompañar proyectos de otro, le hizo replantearse sus propios proyectos, sus propios deseos, y descubrir que una decisión siempre tiene consecuencias: “A lo que digo que sí, asumo las consecuencias de decir que sí. Pero pongo mis propias reglas”, comenta.


Desde Nueva York, a través de un vivo de Instagram directo con Jujuy, Argentina, conversamos con Flor, con mucha espontaneidad, comprensión y compasión, porque ¿Quién no se vio alguna vez diciendo que sí, cuando quería decir que no, o se relegó para “no quedar mal con alguien”? De esto va esta charla, que seguro te espejará desde algún lugar.



Flor Buil. Psicóloga y coach.

¿Cómo definirías a una persona complaciente?


Son personas que no le pueden decir no a nada, porque cuando hacen algo por ellas mismas, se sienten culpables.


La complacencia tiene base, especialmente en personas que tuvieron un trauma. Un trauma es una situación que no es acorde o apropiada para la edad. Ejemplo: Te quedas con tus cinco hermanitos, y vos mayor, tenés que cocinar. Esto se naturaliza porque en la infancia hay una sobre adaptación y cuando lo traen a consultas, lo minimizan, “es lo que me tocó”. Pero no hubo espacio para el juego o el disfrute. Todo era en miras de qué le pasaba al adulto. El trauma es desde la mirada del niño. No tienen que ser sí o sí cosas trágicas, como una violación. A veces son cosas como un mal manejo de la enfermedad que tenía nuestra madre. O una separación, que tal vez no fue traumática pero como no fue explicada como “quédate tranquila, a vos no te va a pasar nada”. De alguna forma, el chico se queda con un trauma, con una herida, y las máscaras: “tengo que ser totalmente ejecutiva, o tengo que ser totalmente racional…” Lo que el chico piensa es, “mi papá me quiere porque yo soy la buena”. Y cuando somos grandes, esa sensación constante de “yo soy una mina insatisfecha con todo lo que tengo”.


¿Eso lo vemos de grande?


¡A veces ni de grandes! Vamos buscando imágenes de esta sobre adaptación. Muchos ataques de pánico vienen por la sobre responsabilidad de pensar que, si no hago la última presentación, se va a caer la empresa. Idealizamos los roles de los otros también. Los ponemos a los otros ahí arriba.

Cuando tratamos de evitar el conflicto externo, nos empezamos a crear un conflicto interno.


¿En qué momento nos damos cuenta que esto nos hace sufrir? ¿Sentir que no me estoy escuchando, que pierdo la noción de mis propios deseos?


El despertar que tenemos todos viene de diferentes lugares, capaz ves a una pareja divina y te llama la atención porqué se tratan tan bien, y quizá eso te sirvió de inspiración: “Yo quiero tener eso”. Otros con una enfermedad. Hay gente que necesita patear todos los tableros para darse cuenta que eran ellas las que tenían que cambiar algo. Ahí hay un acto muy grande de humildad que necesitamos tener.


Lo que sí pasa es que no querés tener más sufrimiento. Empezás a reconocer que el poder de cambio está en vos. Eso es mágico. Cuando entendés que sos vos y que tenés todos los recursos. Pero para llegar a eso tenés que empezar a reconocer que podés auto calmarte, sino somos una bomba molotov que va acumulando. Es entender que tenemos la capacidad propia, un camino de autoconocimiento. No nos conocemos, estamos tan desconectados porque estamos siempre mirando otras cosas. A nadie le preguntan en el colegio qué tenés ganas de hacer, por ejemplo.


Flor Buil. Psicóloga y coach.

¿Cuáles son algunas señales para saber si estamos siendo demasiado complacientes?


  • La típica es cuando quise decir que no y estoy traumadísima diciendo sí absolutamente a todo. Estamos diciendo sí a todo, con la mirada puesta en cómo el otro se va a sentir, y no pensamos ¿por qué estoy haciendo esto, para quedar bien, para que el otro me quiera? Cuando nos animamos a decir que no, largamos una cantidad de explicaciones innecesarias.

  • Idealizar a los demás, las vidas ocupadas que tienen, en cambio yo puedo rápidamente acomodarme.

  • Vivimos en un resentimiento muy grande. Renunciamos a lo nuestro para hacerlo por el otro. Somos extremadamente positivas con sí, voy a poder hacer lo mío en 10 minutos y hago lo tuyo, y luego somos muy pesimistas, empezamos a ver que no tenemos tiempo para nada.

  • Tenemos una expectativa muy alta de que las cosas hay que hacerlas muy específicas.

  • Hay algo que es clave: Si detectan una incomodidad, es que esto es complacencia.

El extremo de la complacencia es tener nuestras vidas en pausa.


Y si nos damos cuenta de que tenemos este patrón de acción, ¿cómo podemos empezar a cambiarlo, a poner límites a los demás?


Poner un límite es fácil cuando te diste cuenta de lo que es importante para vos, por qué lo estás haciendo. Y también no pretender que cuando pongamos un límite, no sintamos culpa. Ponemos límite y sentimos culpa, se acabó.


La culpa es hasta que te adaptes. Es aguantar la incomodidad. Somos como niñas adultas. No quiero sentir incomodidad, ni rechazo ni frustración. Todo lo referimos a ese momento de la infancia y estamos muy dolidas, sentimos frente a todo que nos vamos a desvanecer. El temor a la pérdida de las relaciones es terrible, de amistades, de pareja, no hay forma de que lo podamos tramitar.


Muchas de las mujeres complacientes fuimos niñas adultas, porque no pedíamos nada, todo lo hacíamos bien, después cuando crecemos, nos convertimos en niñas adultas: no queremos tomar ninguna decisión por nosotras mismas, porque no queremos aceptar las consecuencias de lo que elegimos.

Si entendemos esto hay gran parte de solución.


Flor Buil. Psicóloga y coach.

¿Y qué sucede cuando empezamos a cambiar, a priorizarnos, a darnos a nosotras mismas antes que a los demás?


Una de las cosas que veo un montón es que en terapia empiezan a hablar más de ellas, de las dificultades que tienen y ya no hablan de lo demás.


Otra cosa que veo es un nivel de orgullo de haber logrado algo para ellas. El compromiso con ellas empieza a ser altísimo y ahí es donde se dan cuenta que pueden darse a los demás. ¡Ah! Si me comprometo conmigo de la misma forma y con la misma intensidad que lo hago con otros, ya está. Se dan cuenta que el poder lo tienen ellas.


Lo importante es primero, darte a vos, llenarte a vos de vos misma, para después brindarte al otro. Si no estás dando algo vacío. Yo necesito darme para después dar a los demás lo mejor de mí.


¿Cómo me contacto con Flor?


Flor brinda sesiones individuales y grupales y ofrece diferentes programas para trabajar temas puntuales. Toda la info la encontrás en su página web: www.florbuil.com



 

por Raquel Abraham

Periodista y comunicadora. Amo contar historias inspiradoras. Fotos: Web de Flor Buil.

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