Maquillaje y Skincare: ¿Juego o peligro?
- Patricia Tabera

- hace 2 días
- 6 Min. de lectura
El skincare en menores dejó de ser un juego para convertirse en una tendencia que crece —y preocupa— cada vez más. La abogada Patricia Tabera nos invita a mirar de frente un fenómeno que hemos naturalizado y que abre interrogantes incómodos sobre consumo, autoestima y niñeces. ¿Cuidado o riesgo? El debate está sobre la mesa.

En esta nueva era, donde los adultos somos nosotros y los niños a nuestro cargo tienen sus propias modas e intereses, vamos a encontrarnos con juegos e intereses muy diferentes a los que tuvimos en la niñez y otros en los que, en cambio, coincidimos.
Uno de los intereses y juegos que tuvimos de niños y que los niños actualmente también tienen es el de “maquillarse” y/o hacerse “skincare”, pero la diferencia radica en “las consecuencias dañosas” que (gracias a los avances en las ciencias de la Psicología y la Medicina) ahora conocemos.
He aquí nuestra excusa para poner bajo la lupa la fuerte tendencia que existe en las niñeces de maquillarse y hacerse “skincare”, una tendencia mucho más exponenciada que la que tuvo nuestra generación allá entonces y, por ende, mucho más peligrosa.
Misma moda, mismo riesgo psicológico:
En primer lugar, vamos a hablar del riesgo de este tipo de modas en particular, las cuales ponen nuevamente en boga la tendencia de verse “más lindas/os”, como si naturalmente no lo fuésemos.
Haciendo un poco de memoria —ya que el paralelismo siempre es útil para despertar la reflexión— recordemos que una moda similar tuvo, por ejemplo, nuestra generación de adultos en los ´90. Una moda que —igual que esta— tiene que ver con el romántico slogan de “vernos más lindos”.
En la época de los ´90 se había asociado la “flacura”, la “languidez”, que “se marquen los huesitos de las caderas”, etc., con “la belleza”, y la “belleza” siempre viene de la mano de recibir aceptación y amor del prójimo. Lo cual generó, nada menos, que olas de trastornos alimenticios en nuestra población: anorexias y bulimias que hasta el día de hoy muchos adultos batallan por sobrellevar.
Ahora, viéndolo en retrospectiva, entendemos lo enfermiza que fue aquella moda perversa y su terrible impacto en nuestra salud mental: la exposición constante a ideales de belleza irreales generó ansiedad, depresión, bajo estado de ánimo y baja autoestima, trastornos de la conducta alimentaria, dismorfia corporal y miedo intenso al envejecimiento.
Todo lo cual gesta incluso una forma de violencia colectiva: LA VIOLENCIA ESTÉTICA, que se refiere a los daños emocionales y psicológicos causados por la imposición de ciertos estándares de belleza y apariencia física en la sociedad, implicando discriminación y opresión basadas en la apariencia, el cuerpo o la vestimenta.
Lo vemos evidente cuando miramos la moda de la flacura de los ´90, ¿verdad?, pero ¿lo vemos igual de evidente cuando observamos las nuevas modas y estándares de belleza que consumimos hoy junto a nuestros niños y adolescentes? No tanto…
¿Por qué es tan efectivo este marketing de los cánones de belleza que termina en problemas de salud física y mental? Por lo obvio: ¿quién no quiere verse más lindo, más deseado y, en definitiva, ser más querido y aceptado? Nadie. Pero las preguntas del millón son: ¿cuál es el verdadero costo de esta búsqueda implacable de cánones de belleza para ser finalmente aceptado? ¿A qué edad estamos preparados, somos responsables y tenemos conocimiento suficiente para abordar dicha búsqueda sin poner en jaque nuestra salud? Y, por último, ¿por qué siquiera existe este marketing de la belleza? Por el segundo “obvio”: porque VENDE trillones de dólares en productos de todo tipo de la gran industria internacional de la cosmética.
Literalmente, estas modas que devienen en severos trastornos y daños a la salud hacen que unos pocos lucren jugosamente a costa de la insatisfacción de las personas con su aspecto, ya que ello beneficia al sistema capitalista: una insatisfacción constante se tranduce en consumo constante de productos y servicios, con el objetivo de "arreglar un cuerpo eternamente imperfecto".

De la obsesión por la flacura a la obsesión por la piel, pero obsesión al fin
Ahora que logramos hacer radiografía y refrescar la memoria sobre las consecuencias psicológicas y médicas que tuvo la moda de los ´90, podemos poner el foco en la nueva tendencia: las rutinas de maquillaje y skincare, que son plaga en redes sociales (TikTok, Instagram, etc.) y que nuestros niños y adolescentes consumen y replican a borbotones.
Vemos las redes sociales de nuestros niños, adolescentes y las nuestras propias completamente cargadas de videos donde jóvenes/niños se disponen frente a una cámara para mostrar su rutina de skincare, que luego sus seguidores (nuestros propios niños y adolescentes) imitarán en sus casas, también se grabarán y replicarán. Todo ello en una suerte de virosis en redes sociales y estándares de belleza que se propaga hasta el infinito.
Ahora bien, hasta ahí no parece generar mayores temores… igual que en los ´90 tampoco era pecado ser esbelta. El punto está en que estos cánones de belleza se vuelven imposibles de alcanzar porque siempre hay un producto que no tenemos o una piel más perfecta y luminosa que no es la nuestra y que vemos ser admirada y amada por los demás en redes sociales.
Ello, sumado a una autoestima endeble —como la que particularmente tienen los niños y adolescentes— es un cóctel mortal: una nueva ola de obsesión peligrosa que termina dañando severamente la salud y que hoy ya tiene nombre propio: LA COSMETICOREXIA.
La cosmeticorexia es la obsesión y el uso DESMEDIDO de productos cosméticos. Su pico, lamentablemente, está en el rango etario más vulnerable: niños y adolescentes, justamente por sus frágiles autoestimas, donde prolifera la obsesión compulsiva por una piel perfecta, aun usando productos destinados a adultos sin medir las consecuencias médicas negativas que eso genera en pieles inmaduras.
Esta peligrosa tendencia es hija de la pandemia de COVID-19, donde proliferó —atento al confinamiento y al uso excesivo de redes sociales— el uso compulsivo de cosméticos y la adicción a sus componentes.
Ahora bien, a los daños a la salud mental que ya sabemos que provocan estas peligrosas “modas” que imponen cánones de belleza imposibles, se suman los daños a la salud física que se gestan a través de lo que absorbe la piel de nuestros niños y adolescentes sin control.
La Sociedad Argentina de Dermatología alerta sobre el riesgo de dermatitis irritativa y dermatitis alérgica de contacto (DAC), y señala que ingredientes comunes en productos cosméticos, como fragancias y conservantes, pueden generar reacciones alérgicas en niños. En ese sentido, los dermatólogos explican que algunos productos además incluyen disruptores endocrinos como los ftalatos, sustancias que pueden interferir con el sistema hormonal de los menores y causar desequilibrios durante su desarrollo.
Por ende, el uso obsesivo de cosmética en niños y adolescentes sin control, parámetro, cuidado ni guía puede provocar:
Problemas dermatológicos: la piel infantil es más delgada y permeable, lo que facilita la absorción de sustancias nocivas presentes en productos que NO fueron diseñados específicamente para niños. Esto deriva, cuanto menos, en dermatitis de contacto, picazón, enrojecimiento, erupciones y sequedad.
Infecciones y acné: el maquillaje puede obstruir los poros, provocar acné severo o causar infecciones si no se retira correctamente.
Reacciones en ojos: el uso de sombras o delineadores puede provocar lagrimeo, hinchazón de párpados y ardor.
Toxicidad y disrupción hormonal: muchos maquillajes —especialmente los no certificados o de adultos— contienen metales pesados (plomo, cadmio) y disruptores endocrinos que pueden afectar el sistema hormonal y provocar pubertad precoz, siendo esta última una de las consultas que más han proliferado en consultorios pediátricos en Argentina.

En conclusión, lo que debemos transmitir a los menores que tenemos a cargo es que, a veces, la mejor receta para ser bellos parte de hábitos saludables: tomar dos litros de agua diarios, buena alimentación, evitar el sedentarismo, higiene sin gualichos mágicos, protector solar y cremas humectantes testeadas y aprobadas tanto por ANMAT como por nuestro dermatólogo de cabecera, siendo este último quien sabrá especificar qué usar, en qué momento de nuestras vidas y de qué manera.
No hay receta mágica para la belleza y la aceptación social que venga en frasco —como muchos influencers publicitan a nuestras niñeces sin escrúpulos—. La única receta que genera magia es forjar una sólida autoestima y cuidar nuestra salud, pero con información confiable y de la mano de los profesionales adecuados en cada etapa.
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Por Patricia Tabera
Socia de los estudios jurídicos Tabera & Quiroga y Espada & Tabera
Fundadora de la Organización de Consumidores de Jujuy y del Círculo de Abogadas
Fotos: Freepick






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