• Raquel Abraham

Un largo camino a casa

#Editorial



Llegamos al último mes del año y seguramente ya habrás escuchado el comentario de rigor de esta época, de algún sagaz observador, "¡qué bárbaro! ya llegó diciembre..." Y sí, quién más, quién menos, siente que no solo el año pasa rápido, ¡sino que la vida también! Es como ese reloj de arena, que cada 1 de enero damos vuelta, creyendo ilusos que tenemos toooodo un año por delante, y cuando llega diciembre, se nos escurrió hasta el último granito de arena, y como tantas veces, sentimos que el año nos llevó puestos.

En realidad, el tiempo es siempre igual: 24 maravillosas y relucientes horas, cada día, para que hagas con ellas "lo que quieras". Sí, seguramente estarás pensando: “¿Lo que quiera? Pero si entre mis trabajos (hoy es de verdad una rareza quien solo vive de UN trabajo), los quehaceres de la casa, las obligaciones de los chicos, lo que me queda, con suerte, es caer fundida cada noche en el sillón y tratar de no quedarme dormida mientras intento terminar el primer capítulo de esa serie que hace tanto vengo postergando.


Ahora bien, recapitulemos, y volvamos a “la vida pasa tan rápido”. En realidad no importa si pasa rápido o lento, sino, si hemos sabido aprovechar cada momento dado, que al fin y al cabo, es lo más valioso que tenemos. Hay una frase que se le atribuye al Dalai Lama que dice:"Lo que me sorprende del ser humano es que sacrifica su salud para poder ganar dinero. Y luego sacrifica su dinero para poder recuperar su salud". Para pensar, ¿no?

Y es por eso que este mes en REVISTA CHE, elegimos como tema a explorar, lo que denominamos el VIAJE INTERIOR. Y ¿qué sería eso? En realidad, es el viaje más importante y tal vez el más largo de tu vida. Es bucear en aguas profundas para animarte hacerte una pregunta clave: ¿QUÉ QUIERO (ser o hacer)? Tal vez allí, en la soledad más profunda, puedas comenzar a deshojar de poquito tus creencias limitantes, con paciencia, como cuando deshojás un alcaucil, para llegar al centro, a lo más jugoso: al corazón. Allí reside la verdad absoluta, allí no hay caretas ni dudas, allí está tu verdadero YO.


Claro que el mundo actual está diseñado para llenarnos de “necesidades” que nos distraen, y nos hacen sentir que nunca hay tiempo para dedicarle a la reflexión, meditación, la pausa, lo que sea que te eleve y te lleve a un plano un poco más calmo, silencioso para que puedas escuchar tus verdaderas necesidades. Como suele suceder, lo urgente nunca deja tiempo para lo importante.

Con esta premisa planteada, la nota tapa de este mes es una entrevista a Seyaku Munayniyoj, sacerdotisa andina, que cuando estaba haciendo su especialidad de Psiquiatría en Buenos Aires, y vivía en esa rueda imparable en la que sentía que repetía cada día automáticamente el mismo guión (como en la peli “El día de la marmota) pensó: "quiero diseñar una vida a mi medida, tiene que haber otra forma".

Y comenzó su propio viaje interior.

En este mismo sentido, este este mes colaboran profesionales y expertos en salud mental y física, para aportar una mirada sobre el establecimiento de nuestras prioridades. De este modo, cada uno nos brindará herramientas para construir cada día un "buen vivir", una vida que nos permita hacer de todo, y disfrutar ante todo. Porque si no fuera así, ¿para qué estamos aquí?

Y sí, llegó diciembre, que tal si ahora mismo, justo cuando todos están "cerrando el año" (que de por sí nos deja bastante estresadas para abrir el nuevo año), nos disponemos a pensar en nuestras prioridades, en lo que realmente nos importa, en las personas que nos importan, en las cosas que nos importan y las agendamos cada semana como URGENTE, y a todo lo que no nos suma (vínculos, reuniones, llamadas, mensajes, etc), le vamos dando cada vez menos cabida.

Ya lo decía Winston Churchill: "Cuando tienes 20, te importa lo que todos piensan de tí, cuando tienes 40, dejas de preocuparte por lo que todos piensan de tí, cuando tienes 60 te das cuenta de que nadie estaba pensando en tí, en primer lugar". Te deseo que no tardes 60 años en adquirir esa certeza. Recordá que a la única persona que tenés que conformar y a la que tendrás que rendirle cuentas al final del camino, es a vos misma.


 

por

Raquel Abraham

Periodista y comunicadora. Amo contar historias propias y ajenas.

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